UN TIPO SERIO: …pero muy gracioso

Me gusta ese status que han adquirido los Coen de que pueden hacer lo que les venga en gana. Son algo así como los Clint Eastwood del cine independiente. No obstante, me gustaría que se utilizase un baremo, ahora que sabemos de lo que son capaces, para medir sus siguientes películas. Tanto Quemar después de leer (su anterior película) como ésta son buenas obras, inteligentes y divertidas… pero quizás nominarlas como Mejor Película me parece algo exagerado. Insisto: me gustan los Coen. Me gusta su forma de dirigir y escribir. Me gusta que hagan una película al año. Y me gusta Un tipo serio. Pero tampoco me extraña que se fuese de vacío de la gala de los Oscar.
Historia: Larry es un hombre judío que vive en la América del Medio Oeste de 1967. Padre de dos hijos, buen vecino, entregado profesor, tranquilo, honesto… No obstante, sin motivo aparente, su vida empieza a caer en desgracia. Su mujer le pide el divorcio porque está enamorada de otro hombre; éste, a su vez, le convence para que deje su casa y se vaya a vivir a un motel; su hermano, medio loco, empieza a meterse en problema por jugar ilegalmente; su hijo fuma marihuana; su hija está obsesionada con su físico; en su trabajo empiezan a recibir anónimos para desprestigiarle… Y de repente el amante de su mujer muere… y él tiene que pagar los gastos del entierro. ¿Puede pasarle algo más? Desde luego que sí.
Crítica: yo mataría por estar en las reuniones que los hermanos Joel y Ethan Coen tienen a la hora de sentarse y escribir un guión. Según sus palabras, primero pensaron en hacer un corto sobre un chico (el hijo de Larry) que está a punto de celebrar el “bar mitzvah”. Luego lo juntaron con otro recuerdo de su niñez acerca de un viejo rabino. Cuando decidieron hacer un largometraje, la idea inicial era centrar la historia tanto en Larry como en su hijo. Y finalmente, Larry acabó siendo el protagonista absoluto de la función. Todo ello rodado en su ciudad natal y con actores desconocidos para el gran público. O sea: hacemos lo que nos sale de los huevos (solo hay que ver el preludio (en yiddish) con que arranca la historia). Y lo que les sale es una comedia muy ácida, con ese humor propio de los Coen, con una carga religiosa notable y con un personaje principal muy potente (si existiese dicha categoría, Michael Stuhlbarg se hubiese llevado el Oscar al Actor Revelación, de calle). ¿Se acerca a otras grandes películas de los Coen (véase Fargo, O Brother, No es país para viejos…? A mi juicio, no. Pero me ocurre igual que con otros directores de su talla: unos Coen venidos a menos siempre son mejores que cualquier “luminarias” en su punto álgido. Lo cierto es que esta película a los Coen les ha salido “muy Woody Allen”, con grandes diálogos cargados de ironía y mala baba, pero al público no iniciado quizá no le resulta tan graciosa.
Lo mejor: el final, hipnótico y sugerente.
Lo peor: siento reconocerlo, pero se echa en falta algún rostro conocido.
La frase: uno de los mejores momentos de la película, la conversación con el padre de su alumno asiático, que ha intentado (o no) sobornarle dejándole dinero para que le apruebe. El padre le amenaza con denunciarle por difamación. “Bueno, podría hacer como que nunca hubiese aparecido el dinero. Eso no sería difamar a nadie, ¿no?” “Sí… y le aprueba”. “Y le apruebo. O si no… me demanda”. “Sí, por aceptar soborno”. “¡Pero eso es ridículo!”. Sí, y tronchante.













