SHAMAN KING: en ocasiones, veo muertos

Después de Dragon Ball, y antes de Naruto, hubo una serie que trató de seguir los pasos de la obra de Akira Toriyama. Dicha serie se llamaba Shaman King y estaba realizada por Hiroyuki Takei y publicada desde 1998 en la revista Shonen Jump. Recopilada en 33 volúmenes, contó también con una adaptación anime de 64 episodios que emitió Tokyo TV. Aunque (al menos en España) no llegó a tener el éxito de otras series como Caballeros del Zodíaco o Ranma 1/2, quizás porque ya se había pasado un tanto el “boom” de las series japonesas o porque su difusión no fue generalizada (se emitió por el canal de televisión Cartoon Network), vamos a hablar de ella en una serie de post, porque realmente es un manga que merece la pena, cuanto menos, conocer.
Historia: la vida de Manta, un estudiante de instituto, cambia cuando conoce a Yoh Asakura, un jóven educado desde niño para convertirse en chamán (una especie de brujo capaz de contactar con espirítus y servir de enlace entre el mundo real y el de los muertos). La primera labor de Yoh será encontrar un espíritu poderoso con el que poder aliarse y le ayude a participar en el torneo de shamanes que se celebra cada 500 años.
De este modo, conocerán a Akamaru, el espíritu de un antiguo y temido samurai que, no obstante, encierra una gran nobleza interior. Como premio por conseguir que Akamaru se reencuentre con un amigo de la infancia, el samurai accede a ser el espíritu acompañante de Yoh. Su forma de relacionarse será de dos formas: con la “posesión de almas”, donde Yoh y Akamaru se funden en una sola entidad, o bien con “la posesión de objetos”, donde Akamaru une su poder al de su peligrosa espada de guerrero empuñada por “su amo” Yoh. La trama se irá complicando a medida que Yoh, Manta y Anna (la prometida de Yoh, y una poderosa sacerdotisa) vayan conociendo a más participantes del torneo, cada uno con su espíritu amigo y todos ellos con sus propias motivaciones para convertirse en el Shaman King. Pero ninguno de ellos será comparable a Hao, el más poderoso de los rivales, descendiente también de la familia Asakura… y hermano de Yoh.
Crítica: sé que a menudo mido cierto tipo de series comparándolas con Dragon Ball. Pero creo que para cualquiera de mi generación (los veintimuchos) les será más fácil hacerse una composición de la serie en cuestión si la comparamos con la obra cumbre de Toriyama. Shaman King es una digna sucesora, puesto que cuenta con una sinopsis en la que priman los combates espectaculares, los cuales se desarrollan en un torneo, tiene personajes muy carismáticos y bien concebidos y sabe conectar con su público dosificando muy bien las peleas con los momentos de humor. También es cierto, no obstante, que llegado cierto momento se hace un poco cansina y te da la sensación de que su autor no le está sacando todo el provecho que pudiera. Por otro lado, no puedo hacer una valoración global porque sólo he visto el anime. ¿Y qué implica esto? Bueno, muy sencillo. Todo fan de la obra de Take sabe que la adaptación al anime, por motivos no muy claros, no fue todo lo fiel que podía suponerse. Los 33 volúmenes del manga se convirtieron en 64 episodios (de nuevo, la comparación con Son Goku y cía: cada tomo de Dragon Ball eran cinco o seis episodios de televisión… echar cuentas) y hacia mitad de la historia, más o menos, manga y anime toman rumbos distintos.
De sus personajes, de su polémico final, de su re-edición con material inédito y del resto de productos que rodearon a esta obra de espíritus y reencarnaciones seguiremos hablando, como ya hemos comentado, en las sucesivas semanas.














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