DARKMAN II (1995)

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Miércoles, febrero 8, 2012
By Ros

Ya no estaba Sam Raimi. Tampoco Liam Neeson. Pero la Universal pensó que el personaje del Dr. Peyton Westlake aún tenía mucho que aportar a la gran pantalla. Por eso, cinco años después de la primera entrega, realizó una continuación titulada Darkman II: The Return of Durante (Darkman 2: El regreso de Durant). ¿Durant? ¿Y quién es ese? Pues el malo de la primera. Ah, pero… ¿no se estrellaba el helicóptero en el que viajaba contra un puente y explotaba? Sí, pero parece que sólo se hizo unos rasguños. Ammm… Sí, podría decirse que el primer fallo de la película está en el título. O en lo que se deduce del título. Porque, ¿alguien iría a ver cuatro, cinco, seis películas de Batman… si el villano fuese siempre el Joker? ¿O a James Bond si la némesis fuese siempre el Dr. No? Y ojo, que estoy hablando de malosos míticos, con carisma, que a la gente le gusta ver en pantalla. El mafioso Durant (interpretado de nuevo por Larry Drake) no tiene nada de eso. Es un cliché de viñeta que, en esencia, es bastante poca cosa para un superhéroe. No tiene nada de especial más allá de su manía por cortarle los dedos a la gente con un cortador de puros… y su habilidad para sobrevivir a accidentes mortales, claro. Así que empezamos mal: todo superhéroe que se precie necesita una buena galería de villanos. Y Darkman no la tiene. Partiendo de ahí, el resto de la película es un pastiche que se hace interminable. Y, si la estrella de la función es el único actor que repite de una película a otra (el mencionado Drake; ¿alguien sabe qué hizo antes o después de estas dos películas?), los atractivos de esta secuela brillan por su ausencia. Arnold Vosloo (a quien parece que le gusta el rollo de las vendas… años después sería el malo de La Momia) está desencajado en todo el metraje. Sale hasta feo. Qué demonios… todos los actores que salen en esta película parecen feos, cosa no muy extraña teniendo en cuenta la penosa fotografía de la cinta. Y, entrando en el apartado técnico, el director Bradford May no aporta absolutamente nada a la película. Sam Raimi conseguía que una película de serie B pareciese una gran super-producción… mientras que aquí es al contrario: una gran producción parece el episodio piloto de una serie de televisión. Porque, concluyendo, la película lo único que hace es repetir los mismos esquemas de la entrega anterior… pero mucho, mucho peor. Presenta personajes sin carisma, no establece ninguna relación afectiva entre los protagonistas, reproduce patéticamente los mismos equívocos infantiles de la original… El argumento es previsible hasta decir “¡Basta!”, y tampoco tiene una gran escena final que compense todo lo visto anteriormente. En definitiva, te queda la impresión de que Darkman ya no tenía nada que ofrecer al público. ¿Nada? Pues sí, amigos… hicieron la tercera parte. Pero ya hablaremos de ella…

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